“Si repasamos la larga y triste historia de la humanidad, nos daremos cuenta que muchos crímenes odiosos se han cometido en el nombre de la obediencia, más que por la causa de una rebelión.”
– C.P. Snow
Vista la entrevista y la grabación de la mujer de Santiago del Valle, aparentemente presionada por el equipo del programa televisivo, uno puede llegar a la conclusión que las palabras que dicha persona llegó a pronunciar, pudieron habérsele sugerido o hasta previamente inculcado.
En España, los medios parecen haber alcanzado un grado de competitividad acompasado por una carencia de conciencia, que son capaces de cualquier cosa con tal de obtener una exclusiva.
Ni las palabras pronunciadas parecían las que diría la mujer que aparecía en pantalla ni su estado emocional parecía el mejor garante de que dijera lo que ella sentía en ese momento.
El hecho que un juez de Madrid decidiera imputar a la periodista, Ana Rosa Quintana, y a otros 9 periodistas más de Telecinco y Antena 3, parece indicar que debe haber indicios de una mal praxis que pudiera haber dañado los intereses de terceros. Si el lenguaje lo manejan así profesionales de la comunicación, ¿qué habrá que esperar de los demás con tal mal ejemplo?
Y ya ni entro en las responsabilidades éticas exigibles a todo profesional en comunicación.
Fernando Fuster-Fabra Fdz.
Ciudadano Jubilado & Comunicador 2.0 en Activo
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